29 junio, 2017

Gastronomía

En el municipio de Villatorres, también en lo gastronómico, se deja sentir la idiosincrasia de cada uno de los tres núcleos urbanos –Villargordo, Torrequebradilla y Vados de Torralba– que lo integran. Una cocina con una acusada presencia de las costumbres culinarias de los pueblos de la campiña jiennense es la tónica común de su gastronomía.

En Villargordo aún se conservan algunos de los platos con los que antaño los gañanes de las casas de labranza del término se alimentaban reponiendo las fuerzas gastadas en las duras faenas agrícolas. Uno de ellos es el llamado “ajillo mulero”, modesta y espesa salsa elaborada con patatas cocidas aderezadas con vinagre, sal, pimienta y aceite, y luego todo batido hasta hacerlo un puré con el que aún se suele untar en el pan.

Este ajillo mulero daba réplica culinaria los días de invierno a las “migas de harina”, las cuales se siguen acompañando de una fritada de ajos con torreznos, chorizos, lomo de orza, y unos pimientos choriceros para darle el sabor característico, todos ellos troceados, a excepción de los ajos, que en las migas suelen freírse enteros.

Plato característico de los veranos de estas tierras de campiña es el “salpicón de melón”, que se elabora aprovechando los melones verdes –los aún no maduros, que llaman pepinos–, a los cuales, una vez picados en trozos muy menudos, se les agrega un majado de ajos con sal, tomate pelado, miga de pan, vinagre, aceite y agua muy fría.

También en épocas de calor se prepara una peculiar “pipirrana” en la que además de los ingredientes comunes a la diversidad de pipirranas jiennenses –tomate, pimiento, cebolla y pepino–, se le agregan unos huevos duros, atún en escabeche y magro de jamón, constituyendo por sí sola un plato festivo dentro de la cocina cotidiana del verano.

Típicas de los Vados de Torralba son las “perdices en escabeche”, las cuales, junto a otros platos elaborados con liebre, suelen tomarse en las degustaciones gastronómicas que con motivo de las fiestas de la Asunción se celebran en esta pedanía.

En Torrequebradilla, por su parte, y dentro también de la cocina que anda pareja al ciclo festivo, hemos de encontrarnos con las “roscas de San Marcos”, patrón de la localidad. En Torrequebradilla también se elaboran unos exquisitos bizcochos, dignos de ser recordados en estas líneas.

También para San Antón –el 17 de enero– se han preparado desde antaño en Villargordo los llamados “roscos de San Antón”, peculiar fruta de sartén, o masa frita de harina, que contiene claras a punto de nieve y las yemas del huevo junto a una cáscara de naranja. Esa misma noche en las ascuas de la hoguera que se le dedica a San Antón suelen asarse los chorizos y las morcillas de la pasada matanza, que se han de acompañar con vino y con canciones de corro. También para esta festividad suelen hacerse “roscos de aguardiente” y “borrachuelos”, dulces que igualmente y junto a los “alfajores” se elaboran para Navidad y para los días del Carnaval e inicio de la Cuaresma.

Para la festividad de Todos los Santos –el uno de noviembre– es costumbre preparar las “gachas dulces con tostones”, con cuya masa sobrante se tapan los ojos de las cerraduras de la casa para que por ellos no puedan entrar las almas en pena, que esa noche andan errabundas pidiendo por caridad una oración que las saque del Purgatorio.

Los máximos exponentes de la fantástica cocina Villargordeña la encontramos en los dos restaurantes más afamados del municipio. Restaurante “El Tropezón” y Restaurante-Asador “El recreo“. Ambos son considerados dos de los menores locales de restauración de la provincia de Jaén, con una merecida reputación a nivel regional.

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